Sobre el nombramiento de Eduardo Medina Mora como embajador

INTERVENCIÓN DEL DIP. RICARDO MONREAL AVILA, RESPECTO AL NOMBRAMIENTO EXPEDIDO POR EL TITULAR DEL PODER EJECUTIVO FEDERAL EN FAVOR DEL CIUDADANO EDUARDO TOMÁS MEDINA MORA ICAZA, COMO EMBAJADOR EXTRAORDINARIO Y PLENIPOTENCIARIO DE MÉXICO ANTE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

Ciudadanos legisladores, legisladoras; ciudadana presidenta, en nuestro país el titular del Poder Ejecutivo es la instancia encargada preponderantemente de la conducción de la política exterior mexicana. Dicha tendencia a la centralización de esta facultad se ha dado desde los orígenes del constitucionalismo mexicano desde 1824, que en su artículo 110 determinaba como facultad exclusiva del presidente, no solo el nombramiento y remoción de enviados diplomáticos y cónsules, sino también la concertación y suscripción de compromisos internacionales.

Estas facultades se han mantenido desde su origen con una fuerte influencia que tuvo del constitucionalismo norteamericano, el nuestro, en el diseño institucional del Estado mexicano. Al configurar el modelo republicano los norteamericanos concibieron el establecimiento de una presidencia fuerte, así en el apartado de Política exterior en México se debatió la posibilidad de que la Cámara alta suscribiera o aprobara por sí misma los tratados y convenciones internacionales y la de representantes, nombramientos, sin embargo nunca se logró.

En este sentido se observa que la política exterior del gobierno siempre ha imperado sobre la política exterior del Estado y se conduce con dictados de coyuntura; coyuntura interna y económica inmediata, con lo que se condena a un servicio exterior que ha abandonado sus principios. Es un error que se ha venido repitiendo desde con Miguel de la Madrid, con su proyecto neoliberal que persiste y se sigue aplicando y se consolida recientemente.

Por esa razón todos estos sexenios han profundizado el desastre de la política exterior. Ya durante la pasada administración la política exterior tocó fondo y sufrimos una Cancillería de las más mediocres que se recuerde en décadas.

En la presente administración las cosas no parecen distintas. El propio canciller, el secretario de Relaciones Exteriores, es prueba fehaciente de la tendencia a dejar fuera a los diplomáticos de carrera, a los diplomáticos de la diplomacia nacional, pues el actual secretario de Relaciones Exteriores es un personaje emblemático de la tecnocracia hacendaria y financiera del país.

Por eso nosotros sostenemos que con el nombramiento que hoy se intenta ratificar en esta Comisión Permanente, México mantendrá la misma tendencia que hasta ahora ha sostenido. Nada hace pensar, esperar o suponer que, en materia de política exterior, se mejore y se rescaten los principios rectores en materia constitucional.

El artículo 89 en su fracción X es muy claro. Los principios rectores que no debieran alterarse no son cumplidos y por eso estos principios se han abandonado; el de la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza y el uso de la fuerza de las relaciones precisamente abusivas de los poderosos, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto, la protección de los derechos humanos que hoy amenazan con modificar.

Estos principios –repito– en las últimas administraciones de proyectos neoliberales, de gobiernos neoliberales han sido abandonados. Tenemos una política exterior mediocre, timorata, gris; una política subordinada y ahora burocratizada, politizada y también llena de tecnócratas.

La agenda de las últimas décadas ha sido monotemática. Y el nombramiento nos hace suponer que no va a variar; vamos a seguir insistiendo en defender los intereses del vecino país del norte.

El tema de la seguridad transfronteriza, el tema del terrosismo, el tema de cómo México se convierta en un gran guardián y policía que permita impedir o que impida el paso de compañeros, de hermanos de otros países del sur y se van a abandonar los temas torales que a nuestro país debieran interesar: la migración, la cooperación para el desarrollo, la protección de los derechos humanos, la no intervención e injerencia de cuerpos policíacos que cada vez es más evidente la presencia inconstitucional de estos agentes de policía y de agencias internacionales en nuestro país.

Pero nosotros en esta ocasión vamos a razonar nuestro voto, y estamos razonando nuestro voto, porque no es un asunto personal contra quien están ratificando, es un asunto de principios.

Nosotros no creemos en esta política exterior y no creemos que vaya a haber una variación en lo que hasta ahora ha continuado en este gobierno. Son las mismas prácticas, son lo mismo; no hay ningún cambio, no hay ni siquiera la mínima esperanza de que México pueda convertirse en un país al que se le respete.

Por esa razón no estamos de acuerdo en este tipo de prácticas y por esta ocasión nuestro voto será en abstención, porque no es un asunto personal.

En efecto, ciudadanos legisladores. Estamos frente a un acto de corresponsabilidad de los poderes públicos Legislativo y Ejecutivo.

No puede pasar de noche. Yo sí hago un llamado a los coordinadores o a los representantes de ellos aquí en la Permanente para que no actúen de esta manera robótica. Somos un Parlamento, somos un Congreso y cuando mandas al robot a conducir no puedes debatir ni deliberar. Nada se pierde con debatir y deliberar.

Tenemos que buscar la manera de cómo hacernos valer en nuestra palabra. Me parece absurdo. El Reglamento no prohíbe eso y los acuerdos están por debajo del Reglamento y de la Ley.

Si aquí hubo acuerdos internos, en la primera sesión, es un asunto que tiene en jerarquía constitucional menos validez que el Reglamento y la Ley. Ojalá y los coordinadores, yo sé que quien conduce debiera ser la presidenta de todos, pero no lo es así, recibe indicaciones. Pero yo hago un llamado, además, eso siempre ha sido, no me extraña.

He sido parlamentario en muchas ocasiones, pero hago un llamado respetuoso a los coordinadores para que no actúen con tanta rigidez. No va le la pena. El discutir, el parlar, el deliberar, qué los hace menos. Por qué la prisa. Si es una segunda, tercera, cuarta ronda, si son preguntas, cuál es el problema. Finalmente tienen una mayoría prefigurada. Si hasta el derecho de hablar, de cuestionar o de inconformarnos les molesta, pues es el peor de los mundos, es el retorno de la peor dictadura que podamos encontrar.

Por esa razón tenemos que buscar recovecos jurídicos para poder hacer uso de la palabra. Y lo vamos a tener que hacer y no nos van a poder callar. Porque el poder corruptor del sistema es tan terrible que ya hasta sin oposición nos quieren dejar. A algunos los compran, otros les dan puestos, otros poder, otros dinero y lo que quieren es que no tengan oposición. Eso no puede ser.

El poder corruptor del sistema es enorme pero también habemos gentes que tenemos principios y que no nos vamos a dejar doblegar ni nos vamos a callar ni nos vamos a hincar. Aunque quedemos pocos que no tengamos precio, aquí nos mantendremos, con la voz firme y estaremos haciendo denuncia permanente.

Incluso, el debate no es ni tan ríspido. Estamos nombrando, nada menos, en efecto, al representante diplomático más importante del país y les molesta que se exceda un minuto el orador, unos defendiendo a orador, otros cuestionando al representante diplomático propuesto, otros cuestionando el procedimiento.

Pero en el fondo lo que tenemos que discutir es si se están o no cumpliendo los principios rectores que establece la Constitución, en el artículo 89 constitucional, y desde nuestro punto de vista no se están cumpliendo. Desde nuestro punto de vista la política exterior seguirá igual, mediocre, gris, timorata, entreguista.

No hay manera de cómo pensar que van a cambiar las cosas, si desde el Congreso te quieren someter, doblegar, hincar. Eso no lo vamos a aceptar, no lo vamos a admitir. Por eso hago un llamado respetuoso a los coordinadores, para que se actúe con mayor flexibilidad. Nada se pierde, y mucho se gana para el país.

Palacio Legislativo de San Lázaro
9 de enero de 2013

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