Golpe a la democracia y a la libertad de expresión

Hace cuatro meses la periodista Carmen Aristegui y su equipo de investigación hicieron público a través de un extenso reportaje que la esposa del titular del Ejecutivo federal, Angélica Rivera,

financióy compróuna casa -con un valor de siete millones de dólares-, a un contratista predilecto del gobierno de su esposo: la empresa Higa, que actualmente tiene contratos millonarios con el gobierno mexicano.

Este hecho, en cualquier país democrático y de primer mundo, habría generado que se realizara una investigación hasta sus últimas consecuencias, incluso llegando al punto de llevar a la renuncia del propio presidente. En México, lo que sucediófue que se despidióa la periodista que dio a conocer el agravio, asícomo a su equipo de trabajo.

El tema de la casa blanca quedóen el olvido, tanto Enrique Peña Nieto como su esposa, asícomo Luis Videgaray, secretario de Hacienda quien también adquirióuna lujosa vivienda con el mismo empresario, han dejado en el olvido el asunto. Salvo algunas declaraciones públicas realizadas con un tono condescendiente y evidente molestia, no sucediónada.

La revelación de esta información sucediómientras la Secretaría de la Función Pública, dependencia del Ejecutivo federal, se encontraba sin titular, por lo que la vigilancia al apego de la legalidad durante el ejercicio de las funciones de los servidores públicos se encontraba en manos de un encargado de despacho.

El siguiente paso requirióque Enrique Peña Nieto nombrara para tal posición a Virgilio Andrade para que lo investigara, para que él cumpliera con la tarea de sancionarlo de ser necesario por el conflicto de intereses con recursos federales para la adquisición de una casa con fines particulares. La primera fotografía de Andrade en su oficina revelóun inmenso cuadro del Presidente en su oficina. Nadie, absolutamente nadie creyóque investigaría nada. Y hasta ahora asíha sido.

No podemos saber con certeza absoluta si la Presidencia del país ejercióalgún tipo de presión sobre la familia Vargas y su empresa, MVS; sin embargo, tal como Carmen lo hace, podemos presumir que “hubo una intervención gubernamental”, que “no es un conflicto entre particulares”, sino un “manotazo autoritario”.

La labor periodística ha sido tan importante a lo largo de la historia por diversas razones, me atrevo a afirmar que una de ellas es ser un contrapoder para los gobiernos autoritarios. La labor de los periodistas críticos e independientes es aún más importante, pues sin ellos no puede cumplirse la tarea periodística de manera objetiva y veraz.

Carmen Aristegui y su equipo representan para la sociedad mexicana una voz independiente que ha sabido contrarrestar los excesos del poder con información a grado tal que ha puesto en jaque a un gobierno autoritario que toma medidas desesperadas para enfrentar a una sociedad cada vez más consciente, conciencia que han adquirido gracias a espacios y contenidos como los que produce Carmen Aristegui.

Lo he reiterado en este espacio previamente, México vive tiempos autoritarios, por lo que es indispensable defender los espacios de libertad existentes y conquistar otros tantos, abrir nuevos espacios.

El despido autoritario de Carmen Aristegui no seráel final de su voz, ni detendráel ejemplo que han dado ella y su equipo de colaboradores ha dado a las juventudes que aspiran a un periodismo veraz, incisivo, oportuno y de amplio criterio.

Por ahora, tan sólo me queda reiterar mi solidaridad con las personas periodistas independientes y veraces, que se ven amenazadas por el ejercicio de su profesión todos los días, y ahora con actos autoritarios desde el mismo gobierno federal. A todas y todos ellos, gracias por su valor para informar, en tiempos oscuros, en una lucha que compartimos por un México mejor.
@RicardoMeb

Fuente: lasillarota.com

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