Posicionamiento referente al dictamen que ratifica la Estrategia Nacional de Energía

POSICIONAMIENTO SOBRE EL DICTAMEN A LA MINUTA CON PROYECTO DE DECRETO POR EL QUE SE RATIFICA LA ESTRATEGIA NACIONAL DE ENERGÍA

La Estrategia Nacional de Energía 2013-2017 expone que, del año 2000 al 2011, el consumo de energía del país ha crecido en un promedio anual de 2.08%, mientras que la producción de energía primaria ha disminuido 0.3% al año.

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En lo que se refiere al petróleo, después de alcanzar una producción máxima en el 2004, ésta ha declinado hasta ubicarse en 2.5 millones de barriles diarios.

Como consecuencia, de seguir con las tendencias observadas hasta el momento, México se convertirá para el 2020 en un país estructuralmente deficitario en el ramo energético.

Es por esto que resulta menester la aplicación de una estrategia que contemple los problemas de fondo que enfrenta este sector, con el afán de transitar a un desarrollo óptimo de los productos energéticos del país.

Desafortunadamente, la Estrategia que se discute el día de hoy resulta insuficiente ante los retos expuestos. El Dictamen que nos compete expone que el documento prevé como punto de partida dos objetivos estratégicos: el primero se refiere a la demanda de energía, a través del crecimiento del PIB, y el segundo al acceso universal de energía.

¿Cómo se puede utilizar como parámetro el crecimiento del PIB cuando el gobierno enfrenta a corto plazo condiciones estructurales poco favorables que han desembocado en un crecimiento estimado del producto para este año de 3.5%, lo cual permitirá crear, en el mejor de los escenarios, 600 mil empleos, número muy por debajo de la demanda nacional?

Asimismo, el entorno económico internacional se presenta con características inestables que pueden ocasionar recesiones. Debido a esto, las necesidades del país no se lograrán con metas de crecimiento anuales de 5%, por lo que si los objetivos estratégicos desean lograr un verdadero impacto, deben contemplar una visión integral y no tan sólo basarse en tendencias moderadas para conseguir crecimientos marginales.

La Estrategia establece cuatro medidas de política que incluyen: primero, transporte, almacenamiento y distribución; segundo, refinación, procesamiento y generación; tercero, la producción de petróleo y cuarto, la transición energética.

Del mismo modo, busca la consolidación del sistema energético integral a través de la sustentabilidad, la eficiencia y la seguridad, como elementos de integración.

Plantea la homologación de infraestructura entre el norte y sur del país, la cual hasta ahora es sumamente heterogénea, y propone una revisión profunda en la forma de operar de la industria petrolera y especial atención al sistema nacional de refinerías.

En Movimiento Ciudadano hemos denunciado en numerosas ocasiones que el mayor problema entre los Estados se encuentra en que la regulación de las tarifas correspondientes al consumo eléctrico, están sujetas a incumplimientos y falta de planeación ante los absurdas e indebidas fallas en el suministro, pero sobre todo, ante los exagerados montos, los cuales no son apropiados al consumo por hogar.

La falta de implementación de tarifas eléctricas preferenciales para el consumo doméstico, comercial y agrícola, nos habla de una Estrategia centralista, que no contempla las necesidades particulares de cada Entidad Federativa.

Actualmente se consideran diferentes regiones y estaciones en los costos del suministro de energía eléctrica con el objeto de reflejar el costo real del servicio, pero esta regla no aplica a cabalidad ya que no han contemplado el cambio climático, lo cual ha ocasionado aumentos radicales en las temperaturas. El documento debería establecer criterios de equidad y transparencia en la regulación de tarifas, costos y subsidios; sin embargo, esto no sucede.

Asimismo, prevé las metas de participación máxima de combustibles fósiles en la generación de energía eléctrica, las cuales son: 65% para el 2024, 60% para el 2035 y 50% para el 2050 y expone que el gas natural de lutitas podría diversificar el portafolio energético a largo plazo.

A pesar de lo expuesto, vale la pena señalar cuáles son las principales debilidades que presenta la Estrategia Nacional de Energía y que hacen del documento una serie de buenos deseos que no contempla los medios necesarios para alcanzar los fines planteados.

Primero debemos mencionar que los objetivos se escudan en el argumento de que el detalle de la implementación de cada una de las políticas públicas no se contempla, debido a que se asigna un responsable sobre las propuestas, sobre la promoción de esfuerzos y sobre la medición de resultados; haciendo que el texto se convierta en un conjunto de elementos vacíos e inerciales respecto a los lineamientos seguidos hasta el momento.

Asimismo, se hace énfasis en la generación de condiciones necesarias para promover las inversiones del sector privado en aquellas actividades permitidas por la Ley, que tengan como objeto incrementar la cobertura y diversificar la oferta; sin tomar en cuenta que los casos en los que esto se ha permitido, han desembocado en fraudes y satisfacción de intereses particulares.

Para conseguir una eficiente intervención de privados, es necesario que se establezcan las medidas de participación de estos actores y el monitoreo eficiente por parte del Estado, con el afán de lograr que la satisfacción de las necesidades nacionales y los interés particulares se encuentren alineados; sin embargo, esto no se ha prevenido.

En Movimiento Ciudadano, estamos abiertos a la utilización de terceros, exclusivamente en casos en que demostrablemente el beneficio obtenido supere al costo, siempre garantizando la soberanía de los recursos, y para incrementar el valor a largo plazo de la empresa.

No nos queda duda de que lo que en realidad se busca con la omisión de candados, es sentar un precedente para posteriormente otorgar a privados uno de los subsectores de mayor importancia nacional, como lo es el petróleo.

Pueden continuar con la estrategia semántica que busca enmascarar, a través de sinónimos como: desincorporación, adelgazamiento, apertura, alianza estratégica, reclasificación, reestructuración, replanteamiento, y demás eufemismos, lo que a todos nos queda claro que sucederá, la privatización de Pemex.

El pretender que los capitales privados se hagan cargo de un sector, ignora que los inversionistas actuarían exclusivamente en su propio interés, descuidando objetivos de interés nacional, como abasto de energía a precios competitivos, desarrollo de proveedores nacionales e incluso el pago de impuestos.

Esto se debe a que el objetivo de las empresas privadas es obtener la máxima ganancia posible, por lo que no se pueden dejar recursos estratégicos en sus manos; especialmente bienes que afectan la competitividad de toda la economía.

Por otro lado, la Estrategia busca impulsar las energías renovables, pero no incluye una visión integral de corto, mediano y largo plazo, ni metas concretas, ni acciones específicas para conseguir el objetivo.

Resulta asombroso que no se prevea dentro de las líneas de acción, la implementación de candados que impidan las prácticas en las que ha degenerado el autoabastecimiento, el cual ha enmascarado la venta ilícita de electricidad. Como ejemplo de esto tenemos la catástrofe ocasionada por las inundaciones del 2007 en el Estado de Tabasco, la cual constituyó un acto de negligencia por parte de CFE, en el que se privilegió la compra a privados, provocando un almacenamiento innecesario que consecuentemente, hundió literalmente a la Entidad en un desastre. ¿Cómo puede ser que la previsión de este tipo de actos no se incluya en la estrategia?

El problema de la toma clandestina de recursos energéticos también se aborda de manera superficial. Se propone trabajar con la sociedad civil para denunciar anónimamente los actos irregulares ¿De qué sirve la denuncia de este tipo de prácticas cuando las autoridades no hacen lo suficiente para erradicarlas?

Como se observa, la Estrategia está repleta de propuestas, pero no de los mecanismos mediante los cuales se llevarán a cabo. ¿Cómo se ampliará la infraestructura del sector? ¿Cómo se mejorará la eficiencia energética? ¿Cómo se transitará de redes tradicionales a redes inteligentes? ¿Cómo se reducirán los costos de suministro de gas, gasolina y electricidad? Ninguna de estas preguntas encuentra respuesta en el documento.

En Movimiento Ciudadano de ninguna manera podemos estar a favor de un plan que fija propósitos, pero no especifica la manera de conseguirlos; que aborda temas importantes, pero deja de lado las distorsiones actuales del sector energético.

Es por lo anteriormente expuesto, que estamos en contra del Dictamen que ratifica la Estrategia Nacional de Energía.

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