Atínale al crecimiento: Obstinación y estancamiento

Enrique Peña Nieto vuelve a pronosticar una cifra cercana al cuatro por ciento de crecimiento anual del PIB.

En el paquete económico 2015 nuevamente y por tercera ocasión el gobierno de Enrique Peña Nieto vuelve a pronosticar una cifra cercana al cuatro por ciento de crecimiento anual del PIB. No obstante, la realidad termina por imponerse, las tasas del crecimiento han sido raquíticas, prácticamente inexistentes, durante su periodo gubernamental.

Reiteradamente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha tenido que ajustar las estimaciones, después de que diferentes organismos públicos y privados, nacionales y extranjeros, trimestre tras trimestre le enmiendan la plena al Ejecutivo Federal.

Por esa razón en la comparecencia del titular de Hacienda, le insistimos en porqué tendríamos que creerles ahora si recurrentemente se han equivocado. Le expresamos que más bien esas estimaciones falaces parecen un dogma de fe, un manoseo de cifras para seguir haciendo propaganda o de plano una parodia que bien podríamos llamar: “Atínale al crecimiento”.

Y no sólo han fallado los pronósticos, sino que no hay una explicación convincente sobre las causas de esas fallas. En los 6 trimestres sobre los que se conocen los resultados, el promedio es de aproximadamente la tercera parte de su nuevo pronóstico.

Le insistimos en que nos explicara quéva a ser diferentes para apalancar la recuperación económica, si por ejemplo los supuestos resultados de la reforma energética privatizadora se van a ver hasta dentro de cuatro o cinco años.

Solicitamos explicaciones con los siguientes cuestionamientos: ¿Por quéel cambio tan drástico en el crecimiento? ¿Cuáles son los cambios fundamentales que explican este cambio en el crecimiento? ¿O se la van a pasar en 2015 revisando la cifra a la baja, con cada trimestre en que la realidad lo desmienta? ¿Cuáles fueron las fallas en el diseño de la política económica o en su instrumentación que tuvieron como consecuencia el estancamiento en estos años?

No escuchamos, sin embargo, durante su larga comparecencia una explicación clara de las razones del estancamiento económico, mucho menos una autocrítica. La autocrítica es sana, pero no se lleva bien con la soberbia de la presente administración.

La realidad del país es que vivimos el fracaso del modelo económico neoliberal que ha concentrado la riqueza, multiplicado la desigualdad, frenado la movilidad social y golpeado a los sectores productivos no favorecidos por el régimen prianista. Si no se cambia el modelo, los resultados económicos seguirán siendo mediocres y el crecimiento prácticamente nulo. Si a ello se la suma una reforma hacendaria que desalienta la inversión, golpea al consumo y manda a la informalidad a un importante número de personas económicamente activas los resultados son atroces. Todo ello sin hablar del grave endeudamiento que se presentado en este gobierno y del que nos referiremos en otra colaboración.

Un elemento que es ilustrativo del fracaso económico y que confirma las los limitadísimos beneficios concretos que para los mexicanos tiene el actual modelo económico es analizar no sólo el Producto Interno Bruto (PIB) sino también el Producto Nacional Bruto (PNB).

En tal sentido, quisiéramos introducir un concepto nuevo en el análisis, que nos parece de particular relevancia dado los potenciales beneficiarios de la reforma energética, como son las transnacionales petroleras. La medida usada comúnmente para medir el crecimiento económico en un país es el PIB, que es la suma de los bienes y servicios que se producen en un país. Como todos sabemos, el PIB nacional ha estado estancado en alrededor del 2% a partir de la instauración de la economía neoliberal en México.

En el periodo del desarrollo estabilizador México crecía a tasas del seis por ciento anual y había movilidad social, es decir los padres apreciaban como sus hijos mejoraban en su desarrollo económico y de bienestar social con relación a ellos, asícomo los abuelos con relación a sus hijos, lo que ahora se ha perdido en la nación.

Una medición basada sólo en el seguimiento del Producto Interno Bruto subestima el problema económico en que se encuentra Mexico, el PIB mide lo que se produce en el país, pero no mide a quién pertenece esa producción, no mide quién es el dueño de la misma. Esto se mide en el el PNB (Producto Nacional Bruto o Ingreso Nacional), que se obtiene al restarle al PIB lo que se produce en el país pero es propiedad de extranjeros (y le suma los ingresos de residentes nacionales provenientes del extranjero).

Este tema es muy relevante, dada la creciente extranjerización del PIB nacional, que el gobierno de Enrique Peña Nieto va a agravar con la reforma energética. Para que se entienda claramente el problema, pondremos un ejemplo por todos, conocido: la banca, la que tanto se exalta con la reforma financiera.

Las utilidades de la banca en México están contabilizadas en el PIB; por lo tanto, cuando aumentan, aumenta el PIB. Pero como todos sabemos, hay poco de que alegrarse con los aumentos de dichas utilidades, ya que no representan mayor bienestar para los mexicanos. Todo lo contrario, representan mayores comisiones e intereses usureros. Entonces ese aumento del PIB sólo beneficia a los residentes de los países dueños de dichos bancos y no a los ciudadanos mexicanos.

Ese crecimiento del PIB es, en realidad, un decrecimiento del PNB. Como sabemos, el proceso de extranjerización en México ha sido creciente, con sectores industriales completos pasando a manos de extranjeros, como la siderurgia, la cerveza y próximamente el petróleo y los hidrocarburos. No hay datos oficiales, o se esconden muy bien, del crecimiento del PNB para los sexenios neoliberales, a partir de Carlos Salinas.

Creemos que con las cifras del Producto Nacional Bruto se va a volver más evidente que la inversión extranjera no es un regalo, ni la salvación del país, sino que cuesta y que, muy probablemente ha estado capturando gran parte o todo el escaso crecimiento del país de las últimas décadas, desplazando a los empresarios nacionales y llevándose las utilidades al extranjero.

Habría que preguntarle a todos los comerciantes o ex-comerciantes del país los beneficios que ha traído la expansión, por ejemplo, de Wal-Mart, cuyas utilidades, estádocumentado que ni siquiera duermen un día en México.

Repetimos, este análisis es de particular relevancia porque, aun si el PIB petrolero creciera con la reforma energética, a costa de entregar un recurso no renovable con una gran operación de corrupción, la gran pregunta es sícrecería el PNB (o sea la parte de la que somos propietarios los mexicanos) o sólo va a crecer la parte que beneficia a los extranjeros.

Es claro que la obstinación neoliberal, privatizadora y corrupta de este gobierno estállevando al despeñadero a la economía nacional.

Publicado originalmente en La Silla Rota

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